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Carminum. Horacio.         Página 2


trajo el fuego a los hombres,

valiéndose de engaños;

y, tras el fuego, arrebatado

de la mansión celeste,

la palidez y una cohorte nueva

de fiebres invadieron la tierra,

y la necesidad de morir,

tardía en otras épocas,

adelantó su paso y su llegada;

Dédalo atravesó el éter vacío

con alas no otorgadas al hombre;

un trabajo de Hércules

traspasó el Aqueronte:

nada imposible hay para los mortales.

En nuestra estupidez,

ambicionamos el propio cielo,

y, por culpa de nuestros crímenes,

no dejamos que Júpiter deponga

sus rayos iracundos.





Carminum I, 11 («Carpe diem»)



No pretendas saber, pues no está permitido,

el fin que a mí y a ti, Leucónoe,

nos tienen asignados los dioses,

ni consultes los números Babilónicos.

Mejor será aceptar lo que venga,

ya sean muchos los inviernos que Júpiter

te conceda, o sea éste el último,

el que ahora hace que el mar Tirreno

rompa contra los opuestos cantiles.

No seas loca, filtra tus vinos

y adapta al breve espacio de tu vida

una esperanza larga.



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