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Popol Vuh         Página 2
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primer libro pintado antaño”. ¿El primer libro? ¿Querrá significarse con esto el más
importante, algo así como la Biblia? “Pero su faz está oculta”, sigue el texto.
¿Oculta, por qué? ¿Fue destruido? ¿Fue quemado? ¿Se consumió en la ciudad de Utatlán,
entregada a las llamas, reducida a cenizas por el Conquistador? “Su faz está oculta
al que ve”, añade el texto, lo que mueve a pensar que no está oculta para el que, sin
ver, conserva dicha faz en la memoria y la transmite oralmente.

Originalmente, el Popol-Vuh fue pintura, memoria, palabra, y en esta forma de
tradición oral se conserva hasta mediados del siglo XVI, época en que vuelve a ser
escrito, por un indígena, antiguo sacerdote quizá, en lengua quiché, con caracteres
latinos. Este manuscrito, que constituye el verdadero original del Popol-Vuh, llega a
manos de Fr. Francisco Ximénez, cura párroco de Santo Tomás Chuilá, población
guatemalteca llamada actualmente Chichicastenango, a principios del siglo XVIII. Por
eso se conoce el Popol-Vuh con el nombre de “Manuscrito de Chichicastenango”.

Descubrirlo el Padre Ximénez, varón versadísimo en lenguas indígenas, y entregarse
a su estudio y traducción del quiché al castellano, todo es uno. Pero el perilustre
dominico no se contenta con traducir el Popol-Vuh. Para dar testimonio incuestionable
de la autenticidad del texto y curarse en salud ante las autoridades religiosas, tal
similitud hay entre el Génesis indígena y algunos pasajes de la Biblia, hace algo que
la posteridad jamás le pagará bastante: al par de su versión castellana, en columna
paralela, copia del texto quiché, es decir, que no sólo nos lega su traducción, sino
la transcripción del texto indígena.

El Padre Ximénez realiza dos versiones. Una primera literal, que no le satisface, y
una segunda, más cuidada, que incluye en el primer tomo de la “Crónica de la
Provincia de Chiapa y Guatemala”, obra monumental que del archivo de los dominicos
pasa en 1854 —con otros documentos del Padre Ximénez—, a la Biblioteca de la
Universidad de San Carlos Borromeo. A partir de ese momento el libro sagrado de los
quichés va a ser traducido a otras lenguas. El Dr. Carl Scherzer copia el texto en la
Biblioteca de la Universidad de Carolina, y traducido al alemán lo publica en Viena,
en 1857, bajo el título de “Las historias del origen de los indios de esta Provincia
de Guatemala”. El abate Carlos Esteban Brasseur de Bourbourg llega a Guatemala, desde
Francia, atraído por la luz de ese manuscrito prodigioso, se afinca en el país,
estudia y profundiza la lengua quiché y traduce el Popol-Vuh al francés, versión que
publica en París, en 1891, con el título de “Popol-Vuh, le livre sacre et les mythes
de l”antiquité américaine”.

Varias otras traducciones se han hecho desde entonces, y se han publicado algo más
de treinta y dos volúmenes, en todas las lenguas, interés que crece de día en día por
tratarse de uno de los documentos milenarios de la humanidad.

De estas traducciones, citaremos las últimas. La del licenciado J. Antonio
Villacorta y el profesor Flavio Rodas, publicada en Guatemala, en 1927, con el texto
quiché fonetizado; la del licenciado Adrián Recinos, el cual encontró en la
Biblioteca de Ewberry, de Chicago, el primer texto del Padre Ximénez, la traducción
más literal, pero no la mejor, dado que el mismo autor la mejoró enormemente, y fue
su segunda versión, ya más dueño del idioma quiché, la que incluyó en su famosa
historia. De ésta, el profesor Georges Raynaud, después de más de cuarenta años de
estudio, toda una vida, realizó su versión francesa ajustada al texto con rigor
científico, sin restarle por ello su primigenia hermosura, su vuelo poético, su
frescor vegetal, su hondura misteriosa. Dos de sus alumnos en la Escuela de Altos
Estudios de París, el mexicano J. M. González de Mendoza y el guatemalteco Miguel
Angel Asturias, vierten al español, bajo la dirección del propio profesor Raynaud, la
traducción del Popol-Vuh, hasta ahora considerada como la mejor, y la publican en
París, en 1927, con el título de “Los Dioses, los Héroes y los Hombres de Guatemala
Antigua”, de la que después se han hecho varias ediciones, siendo merecedora de
citarse, en primer lugar, la de la Biblioteca del Estudiante Universitario [“El Libro
del Consejo”], en las publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Y es la versión del Profesor Georges Raynaud, la de mayor autoridad científica, la
que ahora publicamos, en la traducción al español de González de Mendoza y Miguel
Angel Asturias, seguros de que por igual ha de interesar al investigador, al
sociólogo, al poeta, al escritor, al artista y al curioso lector que ame los mitos
antiguos, y en este caso, el de cómo los dioses formaron el mundo americano y cómo
fue creado el hombre de maíz.



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