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Cuentos Clásicos Infantiles.         Página 2


-"¿Quién es?"- preguntó la abuelita.

-"Caperucita"-, contestó el lobo. -"Traigo pastel y vino. Abreme, por favor"-
-"Mueve la cerradura y abre tú"-, gritó la abuelita, -"Estoy muy débil y no me puedo levantar"-

El lobo movió la cerradura, abrió la puerta, y sin decir una palabra más, se fue directo a donde se encontraba la abuelita y de un bocado se la tragó.
Y enseguida se puso ropa de ella, se colocó un gorro, se metió en la cama y cerró las cortinas.

Mientras tanto, Caperucita se había quedado colectando flores, y cuando vio que tenía tantas que ya no podía llevar más, se acordó de su abuelita y se puso en camino hacia ella.

Cuando llegó, se sorprendió al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sintió tan extraño presentimiento que se dijo para sí misma, -"¡Oh Dios! que incómoda me siento hoy, y otras veces que me ha gustado tanto estar con abuelita."- Entonces gritó,

-"¡Buenos días!"-, pero no hubo respuesta, así que fue al dormitorio y abrió las cortinas. Allí parecía estar la abuelita con su gorro cubriéndole toda la cara, y con una apariencia muy extraña.

-"¡!Oh, abuelita!"- dijo, -"qué orejas tan grandes que tienes".-
-"Es para oírte mejor, mi niña"-, fue la respuesta.

-"Pero abuelita, qué ojos tan grandes que tienes".-

-"Son para verte mejor, querida".-

-"Pero abuelita, qué brazos tan grandes que tienes".-

-"Para abrazarte mejor".-

-"Y qué boca tan grande que tienes".-

-"Para comerte mejor".-

Y no había terminado de decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a Caperucita.

Entonces el lobo decidió hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a roncar fuertemente.

Un cazador que por casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó:

-"¡Cómo ronca esa viejita! Voy a ver si necesita alguna ayuda."-
Entonces ingresó al dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí.

-"¡Así que te encuentro aquí, viejo pecador!"- dijo él.- "¡Hacía tiempo que te buscaba!".-

Y ya se disponía a disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En su lugar tomó unas tijeras y empezó a cortar el vientre del lobo durmiente. En cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja, entonces hizo dos cortes más y la pequeña Caperucita salió rapidísimo, gritando,
- "¡Qué asustada que estuve, qué oscuro que está ahí dentro del lobo!"-,
y enseguida salió también la abuelita, vivita, pero que casi no podía respirar. Rápidamente, Caperucita trajo muchas piedras con las que llenaron el vientre del lobo. Y cuando el lobo despertó, quiso correr e irse lejos, pero las piedras estaban

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