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La Divina Comedia.         Página 2
la noche que pasé con tanta angustia. 21

Y como quien con aliento anhelante,
ya salido del piélago a la orilla,
se vuelve y mira al agua peligrosa, 24

tal mi ánimo, huyendo todavía,
se volvió por mirar de nuevo el sitio
que a los que viven traspasar no deja. 27

Repuesto un poco el cuerpo fatigado,
seguí el camino por la yerma loma,
siempre afirmando el pie de más abajo. 30

Y vi, casi al principio de la cuesta,
una onza ligera y muy veloz, 32

que de una piel con pintas se cubría; 33

y de delante no se me apartaba,
mas de tal modo me cortaba el paso,
que muchas veces quise dar la vuelta. 36

Entonces comenzaba un nuevo día,
y el sol se alzaba al par que las estrellas
que junto a él el gran amor divino 39

sus bellezas movió por vez primera; 40

así es que no auguraba nada malo
de aquella fiera de la piel manchada 42

la hora del día y la dulce estación;
mas no tal que terror no produjese
la imagen de un león que luego vi. 45
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