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Batracomiomaquia. Homero.         Página 1
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BATRACOMIOMAQUIA



Obra de épica menor, atribuida tradicionalmente a Homero




Al comenzar esta primera página, ruego al coro del Helicón que venga a mi alma para
entonar el canto que recientemente consigné en las tablas, sobre mis rodillas —una
lucha inmensa, obra marcial llena de bélico tumulto— deseando que llegue a oídos de
todos los mortales cómo se distinguieron los ratones al atacar a las ranas, imitando
las proezas de los gigantes, hijos de la tierra. Tal como entre los hombres se
cuenta, su principio fue del siguiente modo:

Un ratón sediento, que se había librado del peligro de una comadreja, sumergía su
ávida barba cerca de allí, en un lago, y se refocilaba con el agua dulce como la miel
cuando le vio una vocinglera rana, que en el lago tenía sus delicias y le habló de
esta suerte:

—Forastero, ¿quién eres? ¿De dónde viniste a estas riberas? ¿Quién te engendró?
Dímelo todo sinceramente: no sea que yo advierta que mientes. Si te considerare digno
de ser mi amigo, te llevaré a mi casa y te haré muchos y buenos presentes de
hospitalidad. Yo soy Hinchacarrillos y en el lago me honran como perpetuo caudillo de
las ranas: crióme mi padre Lodoso y me dio a luz Reinadelasaguas, que se había
juntado amorosamente con él a orillas del Erídano. Pero noto que también eres hermoso
y fuerte, más aún que los otros; y debes de ser rey portador de cetro y valeroso
combatiente en las batallas. Mas ea, declárame pronto tu linaje.

—¿Por qué me preguntas por mi linaje? Conocido es de todos los hombres y dioses y
hasta de las aves que vuelan por el cielo. Yo me llamo Hurtamigas, soy hijo del
magnánimo Roepán y tengo por madre a Lamemuelas, hija del rey Roejamones. Pero, ¿cómo
podrás conseguir que sea tu amigo, si mi naturaleza es completamente distinta de la
tuya? Para ti la vida está en el agua, mas yo acostumbro roer cuanto poseen los
hombres: no se me oculta el pan floreado que se guarda en el redondo cesto; ni la
gran torta rociada de sésamo; ni la tajada de jamón; ni el hígado, dentro de su
blanca túnica; ni el queso fresco, de dulce leche fabricado; ni los ricos melindres,
que hasta los inmortales apetecen; ni cosa alguna de las que preparan los cocineros
para los festines de los mortales, echando a las ollas condimentos de toda especie.

Jamás huí de la gritería horrenda de las batallas, sino que siempre me encamino
hacia el tumulto y pronto me mezclo con los combatientes más avanzados. No me espanta
el hombre con su gran cuerpo, pues encaramándome a la cama en que reposa le muerdo la
punta del dedo y hasta le cojo por el talón sin que le venga ningún dolor ni le
desampare el dulce sueño mientras yo le muerdo. Dos son los enemigos de quienes en
gran manera lo temo todo en toda la tierra: el gavilán y la comadreja, que me causan
terribles pesares; y también el luctuoso cepo, donde se oculta traidora muerte. Pero
temo mucho más a la comadreja, que es fortísima y, cuando me escondo en un agujero,
al mismo agujero va a buscarme. No como rábanos, ni coles, ni calabazas ni me nutro
de verdes acelgas ni de apio; que estos son vuestros manjares, alimentos propios de
los que habitáis en la laguna.

A estas razones Hinchacarrillos contestó sonriendo:

—¡Oh forastero! Mucho te envaneces por lo del vientre; también las ranas tenemos
muy muchas cosas admirables de ver, así en el lago como en la tierra firme. Pues el
Cronión nos dio un doble modo de vivir y podemos saltar en la tierra y zambullir
nuestro cuerpo en el agua, habitando moradas que de ambos elementos participan. Si
quieres comprobarlo, muy fácil te ha de ser: monta sobre mi espalda, agárrate a mí
para que no resbales y llegarás contento a mi palacio.

Así dijo; y le presentó la espalda. El otro, subiendo al punto con fácil salto,
asióse con las manos al tierno cuello. Y al principio regocijábase contemplando los
vecinos puertos y deleitándose con el nado de Hinchacarrillos; mas, así que se sintió
bañado por las purpúreas olas, brotáronle copiosas lágrimas y, tardíamente
arrepentido, se lamentaba y se arrancaba los pelos, apretaba con sus pies el vientre


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