Lista de libros
Ir a la página


Las aventuras de Huckleberry Finn         Página 2



Después de cenar sacaba el libro y me contaba la historia de Moisés y los juncos, y yo tenía ganas de enterarme

de toda aquella historia, pero con el tiempo se le escapó que Moisés llevaba muerto muchísimos

años, así que ya no me importó, porque a mí los muertos no me interesan.
En seguida me daban ganas de fumar y le pedía permiso a la viuda. Pero no me lo daba. Decía que era

una costumbre fea y sucia y que tenía que tratar de dejarlo. Eso es lo que le pasa a algunos. Le tienen manía

a cosas de las que no saben nada. Lo que es ella bien que se interesaba por Moisés, que no era ni siquiera

pariente suyo, y que maldito lo que le valía a nadie porque ya se había muerto, ┐no?, pero le parecía muy

mal que yo hiciera algo que me gustaba. Y además ella tomaba rapé; claro que eso le parecía bien porque

era ella quien se lo tomaba.

Su hermana, la señorita Watson, era una solterona más bien flaca, que llevaba gafas, acababa de ir a vivir

con ella, y se le había metido en la cabeza enseñarme las letras. Me hacía trabajar bastante una hora y después

la viuda le decía que ya bastaba. Yo ya no podía aguantar más. Entonces pasaba una hora mortalmente

aburrida y yo me ponía nervioso. La señorita Watson decía: źNo pongas los pies ahí, Huckleberry╗ y źNo

te pongas así de encogido, Huckleberry; siéntate derecho╗, y después decía: źNo bosteces y te estires así,

Huckleberry; ┐por qué no tratas de comportarte?╗ Después me contaba todos los detalles del lugar malo y

decía que ojalá estuviera yo en él. Era porque se enfadaba, pero yo no quería ofender. Lo único que quería

yo era ir a alguna parte, cambiar de aires. No me importaba adónde. Decía que lo que yo decía era malo;

decía que ella no lo diría por nada del mundo; ella iba a vivir para ir al sitio bueno. Bueno, yo no veía ninguna

ventaja en ir adonde estuviera ella, así que decidí ni intentarlo. Pero nunca lo dije porque no haría más

que crear problemas y no valdría de nada.

Entonces ella se lanzaba a contarme todo lo del sitio bueno. Decía que lo único que se hacía allí era pasarse

el día cantando con un arpa, siempre lo mismo. Así que no me pareció gran cosa. Pero no dije nada.

Le pregunté si creía que Tom Sawyer iría allí y dijo que ni muchísimo menos, y yo me alegré, porque quería

estar en el mismo sitio que él.

Un día la señorita Watson no paraba de meterse conmigo, y yo empecé a cansarme y a

Página anterior | Página siguiente